Los bomberos siempre llegan tarde
Juan Atala es un bombero voluntario de Coronel Dorrego, en su muro de redes sociales publicó hace menos de 24 horas una reflexión que rápidamente se viralizó, y cuyo título resulta una provocación, hasta que se lee el total del contenido, el que deja una profunda reflexión.
Podríamos decir que aplica a otros aspectos del voluntariado, para aquellos que a cambio prácticamente de nada, dan mucho de si por el prójimo.
Vale la pena tomarse unos minutos para leerlo y entender qué pasa realmente cuando suena la sirena.
El texto publicado por Juan
«Los bomberos siempre llegan tarde»
Tarde para apagar el fuego.
Tarde para rescatar un accidentado.
Tarde para salvar lo que tanto costó construir.
Pero, ¿saben qué es lo que sucede antes de que lleguemos?
Suena la sirena, ese sonido molesto para algunos, pero para otros es un grito desesperado pidiendo ayuda.
Todo se detiene.
La bombera deja a su hijo al cuidado de los hermanos, o de la vecina.
El bombero se saca el uniforme de su otro trabajo, cansado y corre sin importar.
Ella pide permiso a su jefe para salir corriendo, sabiendo que puede costarle su trabajo.
Él había prometido llevar a sus hijos a la plaza.
Ella apagó el horno dejando una comida a medias.
Él justo tenía franco ese día, adivinen si va a poder descansar.
Ella abandonó la mesa de cumpleaños de un ser querido.
El interrumpió el partido de fútbol con los pibes y se va.
Ella saltó de la cama, plena madrugada, sabiendo que al otro día temprano debe trabajar.
Los bomberos nunca llegamos tarde. Llegamos tan rápido como nos es posible. Nos impulsa una fuerza que no se enseña, ni se explica: la vocación de servicio.
Llegan dejando atrás familias que los esperan con ansias y miedo, porque sabemos que salir no siempre significa regresar.
Llegamos con el corazón en la mano, dispuestos a darlo todo, de la manera más segura y profesional, por alguien que quizás nunca nos diga «gracias».
No vivimos ni de críticas, ni de agradecimientos. «Abnegación, sacrificio y desinterés» es nuestro lema.
Así que, antes de juzgar nuestro tiempo, recordá que estamos dispuestos a sacrificar el nuestro por vos.



















