Bahía Blanca: Turismo en el sudoeste bonaerense
Bahía Blanca es la ciudad más grande del sudoeste bonaerense y dentro de su historia se puede resumir en que nació como fuerte, creció con el tren y todavía vive mirando al puerto. En sus rincones confluyen un centro con edificios centenarios, un pueblo portuario convertido en museo y un estuario donde, cada año, descansan miles de aves playeras.
Los que sacan sus pasajes a Bahía Blanca hoy llegan a una ciudad nacida en 1828. El coronel Ramón Estomba fundó la Fortaleza Protectora Argentina, un puesto militar en plena frontera y en 1884 la llegada del ferrocarril la convirtió en nudo de cargas entre el campo y el mar. Esa mezcla de comercio, rieles y puerto son los ingredientes que todavía hoy, marcan su identidad.
Un centro armado alrededor del viejo fuerte
La Plaza Rivadavia es la más antigua de la ciudad y ocupa el espacio del viejo fuerte. Alrededor se concentran el Palacio Municipal, inaugurado en 1909 y reconocible por su torre, y la Catedral Nuestra Señora de la Merced, que abrió el 9 de julio de 1900 aunque su fachada recién se terminó hacia 1928. Ese mismo año, para el centenario, se inauguró el Palacio de Tribunales, y la colectividad inglesa regaló la fuente que hoy lleva su nombre, con figuras que representan el ferrocarril, la navegación, la agricultura y la ganadería.
A pocas cuadras, en Alsina y avenida Alem, está el Teatro Municipal, que se inauguró en 1913. Tiene capacidad para unas 850 personas repartidas entre plateas, palcos y paraíso. Entre sus visitantes ilustres destaca Carlos Gardel, que pasó cuatro veces por Bahía Blanca, y la ciudad armó una Ruta del Tango que incluye una escultura del cantor sentado en la calle O’Higgins.
Ingeniero White, el pueblo del puerto
Para entender el lado portuario hay que ir hasta Ingeniero White, a unos diez kilómetros del centro. Las casas de chapa y madera, los galpones y los clubes de las colectividades cuentan cómo vivían los ferroviarios, los estibadores y los pescadores que llegaron de Italia y otros puntos de Europa.
El Museo del Puerto nació en 1987 por iniciativa de los vecinos, y Ferrowhite, el museo taller, conserva más de 5 mil piezas ligadas al tren y al puerto. En el mismo predio están la ex Usina General San Martín, con su silueta de castillo, y la Casa del Espía.
Arte y básquet
De vuelta en el centro, el recorrido puede seguir por 2Museos, que reúne el Museo de Bellas Artes, fundado en 1931, y el de Arte Contemporáneo, de 1995.
Además, el básquet también tiene su lugar especial. Bahía Blanca es la ciudad de Emanuel Ginóbili, Alejandro Montecchia y Juan Ignacio «Pepe» Sánchez, tres de los campeones olímpicos de Atenas 2004. En el club Bahiense del Norte, donde se formó Manu, la historia todavía se siente en la cancha.
El estuario y sus aves playeras
El tercer eje es el agua. El estuario de Bahía Blanca, con marismas, canales, islas y planicies de marea, ingresó en 2016 en la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras como sitio de importancia regional.
Por ahí, pasan más de 20 mil aves playeras al año. Entre ellas, están los playeros rojizos, las becasas de mar y los ostreros. Los humedales de Villa del Mar y Puerto Cuatreros son buenos puntos para verlas, y dentro de la ciudad, el Sendero de los Miradores Naturales incluye un mirador de loros barranqueros en el Parque Campaña al Desierto.
El fuerte, el tren y el estuario, pueden parecer tres cosas muy diferentes entre sí. Sin embargo, se entrelazan en la ciudad para forjar la identidad de Bahía Blanca. Son los cimientos históricos que necesitás comprender si tenés pensado visitarla.




















